Tengo un colega que se aburrió de la vida que llevaba. No fue algo de lo que se diera cuenta de un día para otro, aunque sí lo fue la solución que finalmente llevó a cabo. Quería cambiar, tener una nueva vida, pero no le apetecía tener que empezar de cero. Recuerdo que me decía que si tienes claro a dónde quieres ir, si sabes seguro que ese es el lugar donde quieres estar, entonces el hecho de andar el camino que te separa es una pérdida de tiempo, ya que el itinerario recorrido puede acabar por desvirtuar el destino en sí, y por lo tanto, contaminar la esperada sensación de felicidad que provoca simplemente el estar.
Y fue así como cambió de vida, sin la necesidad de recorrer ningún camino, y esta vez sí que fue de un día para otro. Simplemente buscó a alguien en su misma situación y decidieron intercambiar sus vidas para siempre. Ahora mi colega es un mucho más bajito que antes y tiene el pelo más claro.
Pasaron los días y nos fuimos olvidando del aspecto anterior de mi colega, pero es lógico porque en realidad sigue siendo el mismo de siempre. Le encanta la cerveza y la música en directo, cierra los ojos cuando su equipo de fútbol lanza un penalty, repite los mismos chistes viejos con esa gracia que sólo él tiene y cuando nos ponemos melancólicos no paramos de recordar las historias del instituto. Incluso recuerdo el momento en el que, junto con su novia de toda la vida, nos anunció que se iban a casar después de un casi un año de preparativos. Y yo la verdad es que me alegro un montón por ellos porque siempre se han querido mucho y es que están hechos el uno para el otro.
Aunque me da la sensación que últimamente el tedio se está apoderando de la gente que me rodea. Debe ser porque estos últimos meses he presenciado muchos intercambios tanto de amigos como de familiares. Me sorprendo mirando fotos antiguas cuando me doy cuenta de que soy el único que sigue con la misma cara de siempre. No es que eche de menos a los que se van porque en realidad no se van, simplemente cambian de envase, y ya soy lo bastante mayorcito como para entender que lo que importa no son precisamente las apariencias. Mi mejor amigo ya se ha intercambiado más de cuatro veces en el tiempo que nos conocemos y a mí me da igual porque sigo pudiéndole confiar cualquier secreto. Me conoce mejor que nadie y tengo la certeza absoulta de que nunca contará mis cosas a nadie más.
El problema es que me estoy empezando a aburrir. Ayer mismo discutí con mis colegas, les eché en cara que después de tanto tiempo juntos ninguno de ellos haya evolucionado, que hayan sido siempre sido igual, y aunque sé que la amistad siempre ha sido muy fuerte entre nosotros de vez en cuando es bueno abrirse a nuevas experiencias, porque las cosas saben mejor cuando las pruebas en la compañía de la gente que quieres. Pero es inútil, ellos no me entienden, ahora sé que nunca van a cambiar y que seguirán haciendo las mismas cosas porque es lo que han hecho siempre. Éste ya no es mi sitio, hoy mismo cambiaré de vida, y quién sabe, quizá tenga algún nuevo amigo que me recuerde a alguien de vidas pasadas.



